lunes, 14 de noviembre de 2022

LA MUJER EN EL INCANATO


La sociedad incaica fue especialmente caracterizada por la manera en la que llegaban a desarrollar los roles ciudadanos. La mujer, componente activo de ese mundo, no podía estar ausente de todo este sistema. Se pueden diferenciar dos tipos de mujeres en el Imperio Inca, la mujer hogareña dedicada a los hijos y a la agricultura y la mujer fuerte, guerrera y dominante.

En el Imperio Inca, las mujeres del pueblo se dedicaron activamente a las labores agrícolas. Las investigaciones señalan que más de la mitad de las tareas familiares en el campo estaban dirigidas por las campesinas. Estas incluían la siembra, cultivo, cosecha, selección y conservación de las semillas; además, se encargaban del cuidado de los animales. Estas actividades eran consideradas eminentemente femeninas y nadie podía transgredir esas costumbres.

Además de ello, se desempeñaban en las labores del hogar, cuidar a sus hijos, tejer las vestimentas de la familia, ayudar en el campo, preparar la chicha.

Estas féminas tomaban parte activa en las labores agrícolas, Guamán Poma (1936) ilustra las faenas campesinas de los meses de junio y agosto y muestra a los hombres roturando la tierra y a las mujeres agachadas rompiendo terrones o bien depositando las semillas o los tubérculos en la tierra, tarea considerada como puramente femenina por ser la tierra del mismo género.  Las mujeres mayores son las encargadas de enseñar a las jóvenes cómo se selecciona las semillas y todo el procedimiento de su mejor conservación.

Si una mujer estaba embarazada efectuaba una serie de rituales para esperar la buena marcha del embarazo, invocaba a los dioses y multiplicaba sus ofrendas. Su trabajo laboral no variaba durante este período y al tercer día después del parto la madre se incorporaba a sus labores.

Por otro lado, se creía que la función principal de las mujeres de la nobleza era cuidar a sus hijos, tejer, hilar y preocuparse de su aspecto personal.  No obstante, “la mujer principal” del Inca, la Coya, tenía un gran prestigio entre las mujeres de la elite cuzqueña, participaba en los rituales, ella dirigía el Cuzco en ausencia del Inca, pero como todas las otras mujeres, ella también vivía en un estado de inferioridad muy marcada frente al Inca.

Numerosas son las referencias en los documentos de archivos sobre la existencia de mujeres jefas de sus señoríos que ejercían directamente el poder. El hecho indica que el privilegio del mando y de la autoridad no fue exclusivo del varón. En varias regiones hallamos mujeres que gobernaban sus señoríos, costumbre que se mantuvo hasta el inicio de la República, con la diferencia de que durante el virreinato el mando efectivo lo desempeñaba el marido.

De esta forma, podemos apreciar cómo se desenvolvía abiertamente el rol femenino junto con todas aquellas actividades que estaban exclusivamente ligadas a la población femenina dentro de la sociedad incaica.

Referencia:

Rostworowski, M. (1995). LA MUJER EN EL PERÚ PREHISPANICO. https://repositorio.iep.org.pe/bitstream/handle/IEP/803/Rostworowski_Mujer-epoca-prehispanica.pdf?sequence=2&isAllowed=y

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