sábado, 29 de octubre de 2022

“LA MATERNIDAD, NO ES SINÓNIMO DE FEMINIDAD"


Durante las últimas tres décadas la teoría feminista ha cuestionado los paradigmas en que se fundaban las identidades de género: la heterosexualidad obligatoria, la identificación de lo masculino con entendimiento razón y de lo femenino con sentimientos y maternidad. Ello ha contribuido a comprender mejor la fluidez de las llamadas categorías de género y a desmantelar los presupuestos del contrato social falocéntrico. Asimismo, ha puesto en evidencia que muchas de las nociones sobre lo femenino que se representan como naturales o universales corresponden a arreglos sociales y culturales que pueden ser transformados para lograr una mayor equidad.  Una de las ideas más profundamente arraigadas en la mitología occidental es que el núcleo de la diferencia entre mujeres y hombres reside en el hecho de que la primera es la encargada de la reproducción la crianza y la mayor parte de la primera socialización de los pequeños. A la maternidad se le ha atribuido el origen de las características psicológicas más estables en la mujer, de la división sexual del trabajo, y, finalmente de la desigualdad entre los géneros que, para muchos teóricos y teóricas es resultado de la necesidad de controlar la capacidad reproductiva de las mujeres y de protegerlas durante la gestación y la crianza.

 El concepto de maternidad a lo largo de la historia, aparece como un conjunto de creencias y significados en permanente evolución, influidos por factores culturales y sociales, que han ido apoyándose en ideas en torno a la mujer, a la procreación y a la crianza ” (Molina, 2006); en nuestra cultura la maternidad aparece como una elección, que muchas veces es tomada libremente por la mujer, sin embargo esta decisión se ve mediada por diferentes situaciones que la llevan a desarrollarse en esta etapa. Actualmente no se les exige de forma explícita ser madre; hace algunos años ellas estaban dispuestas en su totalidad a la educación de los hijos y al cuidado del hogar, pues como muy bien lo expresa un dicho popular la que más o menos a los 30 años no estuviera encaminada a esta situación se “quedaba para vestir santos” , es decir, para tomar los hábitos; esas eran las dos opciones que tenía la mujer, Fernández (1982) sustenta que “la maternidad es la función de la mujer y a través de ella  la mujer alcanza su realización y su adultez. Desde esta perspectiva la maternidad da sentido a la feminidad”; sin embargo, hoy en día la mujer aparte de tener la posibilidad de elegir ser o no madre, también puede ser profesional y si lo desea desempeñarse en ambos roles.

Es preciso aclarar un aspecto que en este punto toma relevancia y es que maternidad no es igual a ser madre; Fernández (1982) afirma que: “es importante que se diferencia desde el inicio reproducción de maternidad. La reproducción está referida al orden de la especie; la maternidad entra en el orden de la cultura. Si bien esta delimitación es bastante relativa, ya que la especie humana inscribe todos sus actos como hechos culturales, habrá que pensar la maternidad como una función social que como un fenómeno natural inherente a las mujeres y adscripto a su sexo biológico”. La maternidad y la feminidad son fenómenos que como se ha mencionado anteriormente le pertenecen a la mujer, sin embargo, esto no sugiere que por el hecho de nacer mujeres estas dos condiciones estén presentes; por el La maternidad y la feminidad son fenómenos que como se ha mencionado anteriormente le pertenecen a la mujer, sin embargo, esto no sugiere que por el hecho de nacer mujeres estas dos condiciones estén presentes; por el contrario cada mujer decidirá vivir-se cómo mujer-madre o como mujer-femenina o como ninguna. 

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